El Origen del Mal | Nefelín, Vigilantes y la Rebelión contra Yahuah
Desde el principio de la creación, el propósito de Yahuah fue manifestar Su luz, Su verdad y Su justicia en toda la creación. Sin embargo, desde los primeros días del hombre, el enemigo sembró el engaño. Así comenzó la historia no contada del mal — una historia que ha sido tergiversada, ocultada y reinterpretada por los hombres, los ángeles caídos y los reinos de tinieblas que buscan distorsionar la verdad revelada.
| En el Yarden (Jardín del Edén), Gadreel — no el adversario comúnmente descrito por la religión moderna — fue el que sedujo a Chawwâh (Eva) y la condujo al pecado. “Y el Nâchâsh dijo a la mujer: No morirás…” (Bereshith / Génesis 3:4). Desde aquel instante, la humanidad quedó atrapada en una red de corrupción espiritual que se expandió a través de los siglos. |
Los ángeles Vigilantes (Nephı̂yl), mencionados en Chănôk (Enoc) y confirmados en los Escritos, descendieron con un el propósito de instruir a la humanidad, pero una vez experimentaron como humano cambiaron su propósito: engendrar descendencia. Estos seres fueron seducidos, engañados y llevados a rebelarse contra el mandato de Yahuah. De su unión con las hijas de los hombres nacieron los Nefelín — criaturas híbridas, sin el aliento (ruacḥ) de Yahuah, totalmente inclinadas al mal. “Había Nephı̂yl en la tierra en aquellos días, y también después que vinieron los hijos de ĔLÔHÎYM a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos” (Bereshith 6:4). De su existencia surgieron los demonios, espíritus sin reposo que vagan buscando cuerpos que poseer, pues no pertenecen ni al cielo ni a la creación de Yahuah.
El diluvio no fue solo una catástrofe física, sino una purificación espiritual. Yahuah preservó a ocho almas — Noacḥ, su esposa, sus tres hijos y sus esposas — para guardar la simiente santa, la única que conservaba su ruacḥ. “Y yo, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya rûach de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá.” (Bereshith 6:17. Pero incluso después del diluvio, un remanente nefelino sobrevivió y se estableció en las regiones de Ararat (arrat) y Babel.
Fue en los días de Qeynan (Cainan), descendiente de Noacḥ (Noé), que la maldad volvió a florecer. Qeynan halló las enseñanzas antiguas de los Vigilantes, las copió y las enseñó a los hombres, reintroduciendo la magia, la idolatría, la hechicería y las ciencias prohibidas. De Babel, el centro de rebelión, surgió la torre, símbolo de orgullo y confusión. “Y descendió YAHUAH para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. … y confundamos allí sus lenguas” (Bereshith 11:5-9). Así fueron esparcidos los Vigilantes y su remanente, que más tarde dominarían las naciones vecinas, entre ellas Sodoma y Gomorra, ciudades corrompidas por la semilla nefelina.



