El Origen del Mal
El Origen del Mal: De la Rebelión Celestial al Exterminio y el Juicio Final
El Capítulo 15 presenta el resumen definitivo del origen del mal según las Escrituras: no como una fábula religiosa, sino como una secuencia profética que inicia con la rebelión celestial, continúa con la corrupción de los Vigilantes y culmina con el sistema global de Babel en los últimos tiempos. Aquí se conecta la caída, la unión prohibida, el nacimiento de los Nefelín, el surgimiento de los demonios y el juicio irreversible decretado sobre los Vigilantes, quienes permanecen atados en prisiones oscuras esperando el día del fuego. Este capítulo también expone la continuidad del engaño después del Diluvio: el remanente, Babel, la expansión del ocultismo y la infiltración en estructuras religiosas hasta llegar al conflicto con Yahusha y la advertencia final de Apokálypsis. La conclusión no deja dudas: el mal tiene un origen, un camino y un fin. Yahuah rescata a Su pueblo y restaura la creación para siempre.
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(De la rebelión celestial a la corrupción y exterminio humano).
El resumen del origen del mal y la maldad no es exactamente lo que nos han enseñado o dicho.
Es comprensible, porque el propósito de la descendencia de los nefelinos —o de Babel— es confundir, y nosotros fácilmente nos dejamos persuadir por las mentiras de los nefelinos.
La verdad es que los desastres que conocemos en la humanidad, y que nos han hecho pensar que los humanos creados por Yahuah fueron los responsables, no es del todo cierto.
15.1 El final de los vigilantes nefelinos.
Aunque la humanidad aun este hipnotizada con los vigilantes, sus descendientes los nefelinos, sus hijos los demonios y sus enseñanzas de perdición. Su destino es certero y no hay absolutamente nada que pueda cambiar el resultado. Por eso, ellos tratan de arrastrar consigo a todo el que puedan.
Chănôk (Enoc) – Capítulo 14: Versículo 5: Y de ahora en adelante no ascenderán al shâmayim por toda la eternidad, y en las prisiones de la tierra se ha promulgado el decreto para atarlos por todos los días del mundo.
Chănôk (Enoc) – Capítulo 21: Verso 8-10: Entonces dije: ¡Qué terrible es este lugar y qué terrible es contemplarlo! Entonces Ûrı̂yêl, uno de los ángeles qâdôsh que estaba conmigo, me respondió: Chănôk, ¿por qué tienes tanto miedo y espanto? Respondí: Por este lugar aterrador y por el espectáculo del dolor. Y él me dijo: Este lugar es la prisión de los ángeles, y aquí estarán encarcelados para siempre.
Chănôk (Enoc) – Capítulo 54: Versículo 6: Y Mı̂ykâêl, Gabrı̂yêl, Râphâêl y Phanuêl los tomarán en aquel gran día y los arrojarán ese mismo día al horno ardiente, para que Yahuah de los ruach los vengue por su injusticia al someterse al adversario y extraviar a los que moran en la tierra.
Yôbêl (Jubileos) – Capítulo 5: Versículo 6: Y se enfureció sobremanera contra los ángeles que había enviado a la tierra, y ordenó arrancarlos de todo su dominio, y nos ordenó atarlos en las profundidades de la tierra; y he aquí, están atados en medio de ellos y se mantienen separados.
Yôbêl (Jubileos) – Capítulo 5: Versículo 10: Y sus padres fueron testigos de su destrucción, y después de esto, quedaron atados en las profundidades de la tierra para siempre, hasta el día de la gran condenación, cuando se ejecute el juicio sobre todos aquellos que han corrompido sus caminos y sus obras ante Yahuah.
El destino final de los vigilantes fue sellado desde el momento de su pecado. Y fueron encerrados en prisiones oscuras donde esperan el día del juicio final donde serán entonces atormentados eternamente.
Mattithyâhû (Mateo) – Capitulo 13: Verse-41-42: Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que hacen mal, y a los que hacen iniquidad; Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
15.2 El Origen y el Fin del Mal
(La historia completa del engaño y la redención final).
15.2.1 La Caída en el Principio
Gadreel seduce a Chawwâh (Eva) a pecar.
En el Yarden, Gadreel — uno de los seres celestiales designados como guardián — engañó a Chawwâh para comer del fruto prohibido. Así entró el pecado en la creación, corrompiendo la pureza del hombre y abriendo la puerta al engaño espiritual (Bereshith 3:1–6).
Solo los humanos pueden procrear con el espíritu de Yahuah.
El diseño de Yahuah fue que únicamente los humanos, hechos a su imagen, pudieran portar su ruacḥ (espíritu). Los seres celestiales no fueron creados para mezclarse con carne mortal (Bereshith 1:27–28).
15.2.2 La Rebelión de los Vigilantes
Los ángeles vigilantes descienden y cambian su propósito para crear descendencia.
En los días previos al diluvio, los ángeles vigilantes descendieron al monte Hermón con el propósito de engendrar hijos con las hijas de los hombres (Chănôk / Enoc 6:1–6).
Los ángeles vigilantes también fueron seducidos y engañados.
Estos seres fueron manipulados por los mismos espíritus de rebelión prometiéndoles poder y dominio en la tierra.
Los hijos de los Vigilantes y las mujeres no tienen el espíritu de Yahuah.
La unión antinatural dio origen a los Nefelín, gigantes y seres sin alma divina. No fueron creados por el aliento de Yahuah, sino por la mezcla de carne y poder celestial corrompido (Bereshith 6:4).
Los demonios fueron producto de la unión de las mujeres con los ángeles vigilantes.
Al morir los Nefelín en el diluvio, sus espíritus quedaron atrapados entre mundos, sin cuerpo ni descanso. Estos son los demonios, que buscan habitar cuerpos humanos (Chănôk 15:8–10).
Los demonios fueron creados por los humanos (mujeres) y los ángeles vigilantes.
No fueron obra de Yahuah, sino fruto de la corrupción y la rebelión. Por ello, están condenados hasta el juicio final (Chănôk 16:1–3).
15.2.3 El Diluvio y la Purificación de la Tierra
El diluvio vino por el pecado de los Nefelín.
La tierra estaba llena de violencia y corrupción. Yahuah decidió destruir toda carne contaminada por la simiente de los Vigilantes (Bereshith 6:11–13).
El diluvio fue enviado para salvar a los ocho humanos que tenían el espíritu de Yahuah.
Noacḥ y su familia fueron los únicos que conservaron pureza genética y espiritual; a través de ellos, la humanidad fue preservada (Bereshith 7:1).
Los Nefelín perecieron en el diluvio y se convirtieron en demonios.
Sus cuerpos fueron destruidos, pero sus espíritus quedaron errantes en la tierra, buscando reposo y causando opresión (Chănôk 15:9–12).
Yahuah pactó no volver a destruir la tierra con agua.
Después del diluvio, Yahuah estableció su pacto con Noacḥ, sellado por el arco iris como señal de misericordia (Bereshith 9:11–13).
15.2.4 El Retorno del Engaño después del Diluvio
Una familia nefelina escapó y sobrevivió al diluvio.
Según tradiciones antiguas, un pequeño remanente contaminado logró permanecer, y tras el diluvio se refugió en las montañas de Ararat (Turquía).
El remanente encalló en Ararat y se estableció en Babel.
Allí comenzaron a reconstruir su dominio, guiados por las antiguas enseñanzas prohibidas de los vigilantes.
Qeynan encontró las enseñanzas de los Vigilantes, las copió y las enseñó.
Qeynan, descendiente de Noa ḥ, halló los escritos ocultos de los ángeles vigilantes, reintroduciendo la hechicería, astrología y las artes de corrupción (Jubileos 8:1–4).
Las enseñanzas de los Vigilantes son la causa de toda destrucción.
De ellas nacieron las prácticas ocultas, los falsos cultos y las ciencias que corrompieron nuevamente a las naciones.
15.2.5 Babel y la Expansión del Mal
Los Vigilantes (o su remanente) fueron los habitantes de Babel.
La civilización de Nimrod y Babel retomó la antigua rebelión celestial, buscando alcanzar los cielos mediante poder prohibido (Bereshith 11:1–4).
Construcción de la torre de Babel.
Representó un intento humano-demoníaco de unir el cielo y la tierra nuevamente bajo un mismo gobierno corrupto.
Yahuah confunde las lenguas y dispersa a los nefelinos y su remanente.
Para frenar la expansión del mal, Yahuah confundió los idiomas y esparció a las naciones (Bereshith 11:7–9).
El remanente nefelino se esparció por todas las naciones.
Sus linajes contaminados se infiltraron en distintos pueblos, llevando consigo idolatría, sacrificios humanos y falsos dioses.
El remanente conquistó Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas.
Estas ciudades fueron centros de perversión nefelina, donde el pecado y la mezcla alcanzaron su cúspide (Bereshith 19).
Sodoma y Gomorra fueron destruidas por el pecado de los Nefelín.
Fuego y azufre descendieron del cielo como juicio de Yahuah sobre la corrupción genética y espiritual de esas tierras.
15.2.6 El Gobierno del Mal en Yâshârêl y el Mundo Antiguo
Los Nefelín dieron origen a los Chasmoniym, padres de los filisteos.
De ellos surgieron pueblos guerreros y enemigos del pueblo de Yahuah, cuya idolatría llenó la tierra de sangre.
Los fariseos, saduceos y esenios son descendientes asmonianos (nefelinos).
Estos grupos religiosos dominaron el templo durante la era del Segundo Templo, corrompiendo la Toráh con tradiciones humanas.
Los samaritanos usurpan el templo y cambian el sumo sacerdote.
Tras la división del reino, los samaritanos adoptaron su propio monte sagrado y sacerdocio falso (Yôchânân 4:20–22).
Maśṭêmâh quedó como encargado de los demonios, cabeza del remanente nefelino.
Designado como príncipe de los espíritus malignos, coordina la rebelión espiritual contra los escogidos (Jubileos 10:8–9).
Maśṭêmâh no es un demonio, sino un ángel físico, con cuerpo.
A diferencia de los espíritus impuros, Maśṭêmâh tiene forma corporal y solo puede manifestarse en un lugar a la vez.
Maśṭêmâh & Asmodeus habitaban en Mitsrayim (Egipto).
Egipto fue su centro de poder, donde influenció reyes, magos y sacerdotes en oposición directa a Mošeh y al pueblo escogido.
15.2.7 La Manifestación de Yahusha y la Redención Final
Yahusha enfrenta a los grupos nefelinos (fariseos, saduceos, esenios).
Durante Su ministerio, Yahusha desenmascara a las élites religiosas que conservaban la sangre y las enseñanzas de Babel. “Ustedes son de su padre el diabolos…” (Yôchânân 8:44).
Los fariseos, saduceos y esenios matan a Yahusha y persiguen a Sus discípulos.
Así se cumplió la antigua enemistad entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente (Bereshith 3:15).
Babel es la cuna del remanente de los Nefelín.
Desde la antigüedad, Babel representa el sistema espiritual del mal, raíz de toda idolatría y religión falsa (Apokálypsis 17:5).
Constantino adopta las enseñanzas de los Nefelín y de Babel.
Su religión imperial mezcló la fe con las prácticas de Babilonia; su esposa provenía de linaje babilónico, reforzando la unión político-religiosa.
Los líderes religiosos actuales son parte del Sacerdote Malvado.
De los mismos linajes nefelinos surgieron los sistemas eclesiásticos modernos, herederos de la corrupción babilónica.
La religión creada por Constantino es la religión de Babel.
Sustituyó los nombres sagrados, impuso ídolos y estableció el dominio espiritual de Roma sobre las naciones.
La religión del Imperio Romano se convierte en la nueva cuna de Babel.
Roma perpetuó la obra de los Vigilantes, mezclando política, idolatría y control espiritual global.
Babel una vez más devora a la humanidad y la lleva a la destrucción.
El mismo espíritu de rebelión domina los sistemas religiosos, económicos y culturales del mundo actual.
La destrucción de la humanidad viene nuevamente por el pecado de Babel y los Nefelín.
2 Kêph (2 Pedro) – Capitulo 3 : Verse-7
“Pero los cielos y la tierra que existen ahora, por la misma palabra, están reservados para el fuego contra el día del juicio y la perdición de los impíos.”
Yahuah–Yahusha rescatará a Su pueblo y restaurará la creación.
Los escogidos serán librados de la corrupción de Babel y vivirán eternamente con Él, como fue planeado desde el principio (Apokálypsis 21:3–4).
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