Yahuah Dabar

Desde la Rebelión hasta la Redención: El Fin del Mal y el Reino Eterno de Yahuah

El Origen del Mal

Desde la Rebelión hasta la Redención: El Fin del Mal y el Reino Eterno de Yahuah

El Telón Final del Mal: Juicio, Exterminio y Gloria Eterna

La conclusión de El Origen del Mal presenta el cierre definitivo del conflicto entre la luz y las tinieblas. Desde la rebelión de los Vigilantes hasta el sistema global de Babel, el libro demuestra que el mal no surgió del diseño de Yahuah, sino de una mezcla prohibida y una rebelión consciente contra el orden divino. Este capítulo final proclama la victoria absoluta de Yahusha ha Mashíyach, quien despojó a los principados y potestades, rompió el poder de los Nefelín y selló el destino del adversario y de todos los espíritus rebeldes. No hay batalla final prolongada: el fuego de Elyôn consume a los demonios y el lago de fuego recibe a los ángeles eternos que pecaron. La historia concluye con esperanza: el Reino eterno es establecido, los redimidos moran con Yahuah y la creación es restaurada para siempre. El mal termina. La luz reina eternamente.

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Desde la Rebelión hasta la Redención
(La historia invisible del mal llega a su fin…
y la gloria de Elyôn resplandece para siempre.)

La historia del mal es, en realidad, la historia del engaño. Desde Gadreel hasta Maśṭêmâh, desde Babel hasta Roma, las mismas raíces nefelinas se han manifestado bajo distintos nombres, religiones y poderes. Sin embargo, el propósito eterno de Yahuah nunca ha cambiado: rescatar a su creación y establecer su Reino eterno en justicia.

Los Vigilantes y su descendencia sembraron la corrupción, pero Yahuah levantó a Yahusha ha Mashíyach para restaurar lo que fue perdido. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lukas / Lucas 19:10). Por medio de su muerte y resurrección, Yahusha rompió la cadena de los Nefelín, despojó a los principados y potestades y triunfó públicamente sobre ellos. “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió abiertamente, triunfando sobre ellos.” (Kolosse / Colosenses 2:15).

El enemigo intentó perpetuar su linaje a través de los imperios, la religión y el poder político, pero todo su sistema está destinado a caer. “Cayó, cayó Babel la grande, y se ha hecho habitación de demonios…” (Apokálypsis / Apocalipsis 18:2). Así se cumplirá el destino de todos los que rechazaron el ruach de Yahuah y siguieron las enseñanzas de los Vigilantes.

Más los que permanecen en Yahusha serán librados. Ellos heredarán el Reino prometido, donde no habrá corrupción, ni mezcla, ni muerte. “Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva… y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor…” (Apokálypsis / Apocalipsis 21:1-4).

El principio del mal comenzó con una mezcla prohibida; su fin será la purificación total. El plan de Yahuah siempre fue redimir, restaurar y morar con su pueblo. “Y oí una gran voz del cielo, que decía: He aquí el tabernáculo de Êlôhîym con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Êlôhîym mismo estará con ellos, y será su Êlôhîym.” (Apokálypsis / Apocalipsis 21:3).

Así, el relato llega a su conclusión: el mal tuvo su origen, su expansión y su dominio; pero también tendrá su fin. Babel caerá, los Vigilantes serán juzgados y eternamente atormentados, los Nefelín y los demonios exterminados. Entonces, Yahusha, el Mashíyach, reinará sobre toda la tierra. Y los redimidos vivirán en la eternidad como Yahuah lo planeó desde el principio: en pureza, verdad y amor eterno.

Apokálypsis (Apocalipsis) 20:8–10

“Y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gôg y a Mâgôg, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los Qâdôsh y la ciudad amada; y descendió fuego del cielo de Êlôhîym, y los consumió.
Y el Diábolos que los engañaba fue lanzado al lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

Este es el final claro, preciso, conciso y exacto del mal que ha estado azotando la raza humana desde los días antiguos. Aquí termina toda rebelión, toda corrupción, todo dominio de las tinieblas.
El adversario, después de haber sido desatado por un breve tiempo, sale nuevamente a engañar a las naciones demoniacas (nefelinas) —a reunir a todos sus secuaces, los remanentes nefelinos, los espíritus demoníacos que fueron encarcelados desde el Diluvio— los cuales son incontables, como la arena del mar.

Este es su último intento desesperado, su último atento de rebelión. Juntos rodean el campamento de los Qâdôsh (los santos) y la ciudad amada, la Nueva Yarushaláyim, donde moramos aquellos que fuimos redimidos y sellados en Yahusha Ha Mashiyach.

Pero no hay batalla.

No hay guerra.

No hay enfrentamiento posible.

El poder de Elyôn no requiere espadas ni ejércitos: desciende fuego del cielo de Êlôhîym, y en un instante, consume a todos los espíritus malignos. Su corrupción los devora desde adentro; su propia naturaleza caída es su condenación eterna.
Estos demonios —nacidos de la unión prohibida entre los ángeles vigilantes y las hijas de los hombres— fueron creados en corrupción, y por lo tanto son exterminados completamente.
No hay retorno, no hay segunda oportunidad, es el fin absoluto del mal, la segunda muerte finalmente consumada y completada. Fin de la historia.

Solo aquellos seres eternos e inmortales que pecaron —los ángeles rebeldes, el adversario mismo, Mastemá, Gadreel, junto con la bestia y el falso profeta— no son consumidos, sino atormentados por los siglos de los siglos en el lago de fuego y azufre preparado para ellos desde el principio.
Estos son los que, siendo eternos, pecaron en su eternidad, y en su misma eternidad sufrirán el juicio eterno.

Así se cumple toda justicia.

Así se sella la sentencia divina.

Así termina el dominio del mal, y se levanta el Reino eterno y glorioso del Mashiyach; Yahuah, nuestro Elohîym, reinará por siempre, y su luz guiará a los redimidos por toda la eternidad.

FIN DE LA HISTORIA.
SE CERRÓ EL TELÓN DEL MAL.
¡TODAS LAS COSAS COMIENZAN Y TERMINAN EN YAHUAH — ÉL ES NUESTRO PROPÓSITO, NUESTRA PAZ Y NUESTRA ETERNIDAD!

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