Yahuah Dabar

El poder de los demonios

El Origen del Mal

El poder de los demonios

Miedo, engaño y Babel: cómo operan los espíritus impuros en la humanidad

El Capítulo 6 de El Origen del Mal revela una verdad poco enseñada: los demonios no gobiernan por poder, sino por ignorancia y miedo. Estos espíritus, nacidos de la unión prohibida entre mujeres y ángeles Vigilantes, carecen de cuerpo y solo pueden influir mediante engaño, posesión y manipulación de sus propios descendientes. Este capítulo expone los límites reales del poder demoníaco, aclarando por qué no pueden tocar ni poseer a los siervos de Yahuah. También revela el castigo de las mujeres que se unieron a los Vigilantes, el resurgimiento del mal tras el Diluvio y el verdadero origen de Babel y la Torre, no como un proyecto humano ingenuo, sino como un intento nefelino de usurpar el cielo. Un capítulo clave para comprender cómo el engaño ancestral sigue operando hasta hoy.

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(Cómo los espíritus impuros dominan a través del miedo y la ignorancia.)

6.1 Naturaleza y límites del poder demoníaco

Estos demonios no tienen el poder que las personas les atribuyen; no son seres corpóreos, y su única habilidad es poseer otros cuerpos, ya que ellos mismos carecen de uno.
El poder de los demonios radica en la influencia o información sutil que utilizan para llevar a las personas a pecar, es decir, para inducir a los seguidores de Yahuah a la desobediencia.

Los demonios no pueden ni tienen permiso para tocar a un siervo de Yahuah, ni mucho menos pueden poseerlo.
Sin embargo, sí tienen poder para poseer, influenciar, guiar y dirigir a sus descendientes humanos —es decir, a los descendientes nefelinos que siguen entre nosotros y cuyo proceder es continuamente al mal—. A ellos los poseen y los usan para hacer todo lo que desean, porque son parte de ellos.

Recordemos que los demonios son espíritus ancestrales, de modo que ellos conocen el comportamiento humano, mejor que el mismo humano, esto es por observación.

Por eso las escrituras hablan de los espíritus familiares, que van de generación en generación, los mismos, pueden imitar la voz de una persona, y crear escenario que parecen ser reales. Y al final, no olviden que los demonios conocen el contenido de las escrituras mejor que nosotros en la mayoría de los casos.

Pero al que sirve a Yahuah se le ha dado poder y potestad por encima de todo espíritu maligno o espíritu familiar. Nosotros tenemos el poder, ellos no.

6.2 Las Sirenas
(El castigo de las mujeres que se unieron a los ángeles vigilantes).

A las mujeres de los ángeles Vigilantes que se unieron a ellos, Yahuah las maldijo y las convirtió en sirenas.
Podría parecer un cuento de hadas o una historia de ciencia ficción, pero eso es lo que han querido enseñar para ocultar la verdad. Nosotros nunca hablamos ni mencionamos a las mujeres que se contaminaron con los ángeles vigilantes, de hecho nunca he escuchado a nadie hablar de ellas, pero el libro de Chănôk nos da un detalle increíble. Ellas también recibieron su castigo por la transgresión cometida con los ángeles y la creación de esa raza diabólica y aberrante.

Chănôk (Enoc) Capítulo 19: Versículo 2: Y las mujeres de los ángeles extraviados también se convertirán en sirenas.

Si las sirenas son las mujeres que se unieron con los ángeles Vigilantes y corrompieron su naturaleza, ¿qué sería entonces un hijo de una sirena? Un nefelín híbrido.

Por eso, si observamos las historietas y leyendas, las sirenas son siempre femeninas, porque llevan en sí la marca del castigo y la maldición por su pecado.

6.3 El Renacer del Mal: Babel y los Patriarcas

6.3.1 Migración a Babilonia
(Los descendientes de los nefelinos después del Diluvio).

Los sobrevivientes de los nefelinos bajaron del Ararat hasta las tierras de Shinar (Senaar o Sinar), y allí se establecieron. Allí comenzaron a multiplicarse; esta misma región más adelante recibió el nombre de Babel o Babilonia. Shinar, Sinar o Senaar es el antiguo nombre de Babilonia.

Berēšhīṯh 11: 1 Era entonces toda la tierra de una lengua y unas mismas palabras.  2 Y aconteció, mientras viajaban del este, que encontraron un llano en la tierra de Shinâr; y moraron allí.  Shinâr: una llanura en Babilonia: – Sinar.

3 Y dijeron los unos a los otros: Vayamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les fue el ladrillo en lugar de piedra, y la brea en lugar de mezcla.  4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.  

5 Y descendió YAHUAH para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.  6 Y dijo YAHUAH: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un lenguaje: y han comenzado a obrar, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.  7 Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los esparció YAHUAH desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.  9 Por esto fue llamado el nombre de ella Bâbel, porque allí confundió YAHUAH el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. 

Bâbel: confusión; Babel (es decir, Babilonia), incluyendo Babilonia y el imperio babilónico.

Entendamos lo que estamos leyendo, en el capítulo 10 Nôach hace la repartición de la tierra entre sus hijos y descendientes. Y no olviden que este es un recuento que Môsheh está haciendo de los acontecimientos que ocurrieron que Yahuah le mostró.

Y lo que acontece en el capítulo 11 de Berēšhīṯh es entonces el recuento del posicionamiento y del atento de los nefelinos de reconquistar o mejor dicho conectarse con el cielo, como descendientes de nefelinos.

6.3.2 Babilonia
(La civilización híbrida que desafió el cielo).

Shinar, Sinar o Senaar es el antiguo nombre de Babilonia.

Yôbêl (Jubileos) Capítulo 10: Verso-18: En el primer año del segundo septenario del jubileo trigésimo tercero, Fáleg tomó una mujer, llamada Lebana, hija de Sennaar. Esta le parió un hijo, en el año cuarto de este jubileo, al que puso de nombre Reu, pues se dijo: «Los hijos de los hombres han sido malos: han concebido el perverso pensamiento de construirse una ciudad y una torre en la tierra de Sennaar».

¿Cuáles son estos hijos de los hombres que habla Berēšhīṯh y Jubileo? Estos son los mismos que encallaron en el monte ararat (nefelinos), y vienen descendiendo entonces a la tierra de Shinar. Estos hijos de los hombres pertenecen al segundo grupo de la humanidad, no al primero. Veremos en el capítulo 7 los grupos.

Yôbêl (Jubileos) Capítulo 10: Verso-19: En efecto, habían emigrado de la tierra de Ararat a oriente, a Sennaar, y por aquel tiempo construyeron la ciudad y la torre, mientras decían: «Subamos por ella al cielo».

Les pareces que algún humano creado por Yahuah quiera o conciba tal estupidez como de ir al cielo por fuerza; o acaso no es claro que estos episodios son creados por los nefelinos?

Yôbêl (Jubileos) Capítulo 10: Verso-20-26: Comenzaron a construir y, en el cuarto septenario, cocían al fuego ladrillos que luego utilizaban como piedras. El cemento con que las unían era asfalto que brotaba del mar y de unos pozos de agua en la tierra de Sennaar. 21 Los constructores tardaron unos cuarenta y tres años:.. 22 y nos dijo Yahuah, nuestro Êlôhîym: -He aquí que son un solo pueblo y han comenzado a trabajar a una, y ya no cesarán. Ea, bajemos y confundamos sus lenguas, que no se entiendan unos a otros, y se dispersen por ciudades y naciones, de manera que no tengan plan común hasta el día del juicio. 23 Descendió Yahuah, y nosotros con él, a ver la ciudad y la torre que habían construido los hijos de los hombres. 24 Mezcló todas las voces de su lengua, no entendiéndose ya unos con otros y dejando la construcción de la ciudad y la torre. 25 Por eso se llamó Babel toda la tierra de Sennaar, pues allí confundió Yahuah todas las lenguas de los hijos de los hombres, y desde allí se dispersaron por todas sus ciudades, según sus lenguas y naciones. 26 Yahuah envió un gran viento a la torre, que la tiró por tierra; su emplazamiento estaba entre Asur y Babel, en el país de Sennaar, al que dio el nombre de «ruina».

6.3.3 Torre de Babel
(El intento de alcanzar el trono divino por la fuerza).

Nunca nos han explicado ni dicho la verdad.
Por siglos hemos estado ciegos y creyendo mentiras, o simplemente ajenos a la realidad, pensando que todas las catástrofes o destrucciones en la humanidad han sido causadas por los humanos creados por Yahuah Êlôhîym. Sin embargo, la realidad es completamente diferente.

Los habitantes que se establecieron en la ciudad de Shinar, también llamada Babel o Babilonia, eran los sobrevivientes al diluvio de los nefelinos —hijos de las mujeres con los ángeles Vigilantes que pecaron—.
Y sí, ellos eran humanos, o mejor dicho, tenían sangre humana, pero no eran 100% parte de la creación de Yahuah.
Ellos no poseían el espíritu que los conecta con lo bueno o con Yahuah; el único “chip” que tenían era el de la maldad.

De modo que estos descendientes de los ángeles y las mujeres que habitaban en Babel se multiplicaron, pero su prohibición era que nunca podrían subir al cielo ni clamar a Yahuah, porque eran una aberración en la creación de Yahuah: seres híbridos con sangre humana y angelical.

Por lo tanto, su propósito era llegar al cielo por la fuerza, ya que no se les permitía el acceso.
En ese tiempo la humanidad hablaba un solo idioma: “Eber” (hebreo).
Todos se pusieron de acuerdo para construir una torre que llegara al cielo.

Yahuah vio su propósito y entendió que nada los detendría en lograrlo.
Los nefelinos, o descendientes de los nefelinos, querían acceso al cielo, y nada los frenaría para alcanzar su objetivo.
Este fue el verdadero propósito de la construcción de la Torre de Babel.

Entonces Yahuah descendió y derribó la torre, confundió sus lenguas y dio origen a todos los idiomas del mundo.
También los dispersó por los confines de la tierra, para que nunca más se unieran en un propósito común, porque solo generaban destrucción y su objetivo era usurpar el cielo.

Babel y su torre no fueron destruidas ni sus lenguas confundidas por causa de los humanos puros que Yahuah creó. No.
Fue por causa de la creación diabólica de las mujeres y los ángeles Vigilantes.
Nunca fue por culpa de la creación original de Yahuah, sino como resultado de la unión de los hombres (mujeres) y los ángeles Vigilantes que pecaron.

Babel significa “confusión”, y es fiel a su nombre.
Seguirá confundiendo hasta el fin de los tiempos, porque su procedencia y su propósito son completamente nefelinos y opuestos a todo lo que se llama bueno o proviene de Yahuah.

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