Yahuah Dabar

Las Primeras Biblias y la manipulación de las traducciones

De la Vulgata a la Reina-Valera: traducciones, poder y verdad oculta

El Capítulo VII de YAHUAH: Guía de Restauración revela la historia poco conocida de las primeras Biblias y el impacto del poder político-religioso en sus traducciones. A través de un recorrido histórico por la Septuaginta, la Vulgata latina, la Biblia Alfonsina y la Reina-Valera, el lector descubre cómo todas estas versiones derivan de textos ya influenciados por las decisiones del Concilio de Nicea. El capítulo expone la persecución de traductores como Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, el control absoluto de la Iglesia sobre la lectura bíblica y la razón por la cual la humanidad heredó una Escritura filtrada por intereses imperiales. A pesar de ello, el texto hebreo original permaneció intacto a lo largo de los siglos. Este capítulo invita a regresar a las raíces, a examinar la historia sin temor y a reconocer que el nombre verdadero del Salvador es YAHUSHA, revelado en el hebreo original.

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Las Primeras Biblias

Las polémicas, revueltas y divisiones creadas en ese año duraron desde el año 325 DC hasta el 500 y tanto DC. Debemos recordar que la biblia aún no había sido traducida a otros idiomas, ni mucho menos al español. En ese entonces existía la Septuaginta o LXX[1], una versión griega traducida por los Ptolomeos (285 – 246 DC).

Fue entonces, alrededor del año 328 DC, cuando San Gerónimo tradujo la biblia Vulgata[2] del griego (LXX) al latín, y utilizó el nuevo nombre del dios creado para el mundo y la humanidad por Constantino y el concejo de Nicea. En esos momentos todavía no existía una biblia en español; fue recién en el año 1280 que el Rey Alfonso ordenó que la biblia fuera traducida al español y se creó la Biblia Alfonsina[3], traducida directamente de la versión Latina Vulgata.

Al ser la misma traducida del latín se convirtió en una versión donde se perdieron muchas de las frases y nombres, y se agregaron todos los cambios que ya se habían acordado. Entonces aparecieron unos jóvenes llamados Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera en el Monasterio de San Isidoro del Campo de la orden de los Jerónimos, quienes estaban determinados a traducir la biblia al idioma común. Sin embargo, para el año 1557 estaban siendo perseguidos por herejes.

En el libro de registro de los habitantes de Ginebra de aquellos años se señala que el 14 de octubre de 1557 fueron registrados cuatro inmigrantes sevillanos y el 10 de octubre de 1558 nueve inmigrantes más. Como la Inquisición no consiguió atrapar a Casiodoro de Reina antes de su huida, lo quemaron en efigie (representado en una imagen) en un acto de fe en 1562 en Sevilla.[4]

El 28 de septiembre de 1569, Casiodoro de Reina, quien para ese momento tenía unos 49 años de edad, publicó en Basilea (Suiza) la Biblia del Oso: la primera traducción completa de la Biblia al castellano.

Posteriormente, en 1602, su compañero de huida, Cipriano de Valera, publicó desde el monasterio de San Isidoro del Campo la primera revisión de la traducción de Casiodoro de Reina, la llamada Biblia del Cántaro. Las revisiones posteriores llegaron a conocerse como Reina-Valera por sus apellidos. Esta es la biblia más usada hoy en día en los países de habla latina.

Cabe notar que todas estas versiones de la biblia ya venían impregnadas o llenas de las decisiones tomadas por el Concejo de Nicea y su dios creado por ellos ya que todas las traducciones venían de la versión Vulgata latina o de la versión LXX del griego. Ninguna de estas versiones estaba basada directamente en la verdad del texto hebreo.

Así es como toda la humanidad conoce la versión creada por Constantino y sus regentes. Recuerden que en esos tiempos no estaba permitido ni leer la biblia ni compartirla ya que era privilegio de pocos (los líderes religiosos del imperio romano y la fusión iglesia–estado creada por Constantino). En otras palabras, la iglesia católica controlaba todo bajo el mandato de Constantino.

No obstante, a pesar de todos estos intentos, el texto hebreo original fue conservado intacto por los siglos y años venideros. Ellos solo podían cambiar las versiones traducidas, pero nunca el texto original con las ordenanzas de YAHUAH y Su palabra dada a su pueblo.

Estos datos están disponibles para toda persona que quiera y desee buscar la verdad. Sin embargo, la verdad no es para todo el mundo; es más fácil vivir en engaño y mentira que ser libre y conocer la verdad.

Juan 8: 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Como podemos ver en la historia y que pueden leer ustedes mismos en los enlaces al pie de página, el dios creado por los humanos o los nombres dados a ese dios no son el nombre correcto de nuestro Salvador o Redentor. Ese no es el nombre de nuestro Salvador, el nombre de nuestro Salvador lleva el nombre del Padre YAHUAH y está en hebreo, no es ni griego, ni latín, ni hispano, ni de ninguna otra raza. Su nombre verdadero es YAHUSHA.


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